Cercano al Shotensu, existía un pequeño jardín, coronado por los edificios cercanos, que asemejaban ser agujas suspendidas en el aire.
Allí esperaba la actriz Naoko, para su encuentro con Miya Shizuka, la representante imperial de la excelencia transformada en mujer. Como era de esperar el aspecto de Naoko era impecable. Como buena amante del decoro y los detalles, mostraba su buen hacer tanto en el rostro; maquillado con calidad y delicadeza, que aparentaba no haber sido tratado; como en el vestido, portando un excelente kimono azul celeste de las mejores sedas, con apenas detalles, que evitaban la sensación de recargamiento, siendo aquella una cita "informal".
Deslizando cuentas de un blanco perlado, la bella samurai-ko, contemplaba la maestría en la jardinería de Kyuden Ippôyakku.

