El sol brillaba, pálido, entre las nubes que cubrían el kyuden.
Y no son las únicas que ensombrecen esta corte...
La antigua duelista miraba por la ventana de sus aposentos donde su fiel doncella Aiko terminaba de adecentarlo para convertir la sala en un improvisado comedor donde departir con Shosuro Mariko. Había escrito una nota a la shugenja tras su regreso de la incursión con Shakuma, y el momento que ambas habían encontrado para reunirse se aproximaba a la par que Amateratsu se alzaba en los cielos.
El olor de la comida la apartó de sus pensamientos y de la contemplación. En una pequeña mesa de asientos enfrentados Aiko había dispuesto con esmero dos boles de udon tapados para conservar el calor, y una selección de sushi, que exhibía sus apetecibles colores casi con lujuria.
Con un gesto de aprobación, despidió a Aiko para que esperara a su invitada fuera, y volvió a la ventana, pensativa.